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FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR.

El evangelio de este domingo que cierra la Navidad nos ayuda a adentrarnos en el conocimiento de ese niño que acaba de nacer. Cuando Juan empieza a predicar un bautismo de conversión, Jesús abandona Nazaret y se dirige hacia donde estaba el Bautista. Jesús no recibe este bautismo porque lo necesite. Con este hecho hace suyo el gesto del Siervo de Yahvé, profeta solidario que carga sobre sí los pecados del mundo (52,13-53,12). Al terminar el bautismo, tiene una experiencia religiosa. Jesús ve que los cielos se rasgan, lo que expresa la comunicación directa entre el cielo y la tierra (Is 63,19). Por los cielos abiertos desciende el Espíritu de Dios como paloma, símbolo en el Antiguo Testamento del poder creador (Gn 1,2), y de la paz y la reconciliación (Gn 8,8-12). Jesús queda así ungido con el poder de Dios. Es el Mesías. Junto a ello, Dios, con palabras del primer poema del siervo de Yahvé (Is 42,1) y del Salmo 2,7 lo declara ungido como Hijo amado: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

Estas son las lecturas de este día. Y además como viene siendo habitual, el vídeo del evangelio.

 

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