La esperanza del reino mesiánico anunciado por el profeta Ezequiel con la imagen del tallo que, con los cuidados del Señor, se convierte en su cedro noble, se hace realidad en el Reino de Dios que crece incontenible, a pesar de comienzos tan modestos como los de un diminuto grano de mostaza. Esto fundamenta la confianza y el optimismo de quien camina guiado por la fe.
En la primera parábola que san Marcos nos da, la semilla que cae en tierra buena germina, crece y madura sin violencia. Así llegará el Reino de Dios. La segunda parábola subraya la capacidad de crecimiento del Reino de Dios. La semilla arrojada por Jesús está todavía extendiendo sus ramas.





























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