DIOS ¿ ANDAS POR AHÍ ?

La vida siempre es muy curiosa. Vivimos tiempos complicados, económicamente, socialmente, sanitariamente, familiarmente, etc… Dios no es un ser que ocupe un papel importante – por regla general en nuestra vida -, pero al que recurrimos con cierta frecuencia. Paradojas de la vida: cuando las cosas nos van mal, nos agarramos a un clavo ardiendo e incluso a Dios, «por si
acaso». Y me resulta curioso, porque si Dios no ocupa un lugar en mi corazón, no tengo por qué echarlo en falta. Es como aquel sindicalista que se queja de los enchufes de una administración pública y él entra a trabajar por la misma vía.

Hoy, la festividad, el evangelio, nos lleva al calvario, al patíbulo, al lugar donde la lealtad a un proyecto se encuentra cara a cara con la sinceridad de lo que creemos y apoyamos. Hoy, festividad de Cristo rey, se hace patente la verdad de nuestra fe, y no a la derrota en una cruz de quien nos marca el camino hacia la meta final. Probablemente el ver un cuerpo colgado y crucificado sea – para muchos – la evidencia de la derrota, sin embargo para la mayoría no es ni más ni menos que la coherencia de una vida que nació en la desnudez de la humildad y se manifiesta en la desnudez de la coherencia vital. En la cruz de Jesús de Nazaret, veo y quiero creer que vemos, la cruz de tantos y tantos que en la vida lo tienen como referente: los enfermos terminales y no tan terminales, pero a los que la enfermedad los tiene postrados en una cama; aquellos que viven el día a día del dolor de una relación tóxica y que no sabe cómo darle salida a ese problema; la cruz de quien se siente fracasado en su proyecto de vida, debido a infinidad de circunstancias, incluso el proyecto familiar….. A todos nos surge la pregunta,

«Dios, ¿andas por ahí o te has ido».
La imagen que quiero ver del calvario es la de una obra de teatro: el fariseo que pasa por allí, que oye los gemidos y que comenta en voz alta, « si es hijo de Dios que se salve a sí mismo», ¡cuántas veces decimos que los problemas de otros no son los nuestros, que se lo ha buscado, que si hubiera hecho aquello o lo otro no hubiese llegado a esa situación!. ¡Tanto que hablabas y decías, pero no eres capaz de actuar en tu propio beneficio!.
«Dios, ¿andas por ahí?». Es la pregunta de hoy ante la guerra de Ucrania, o la pregunta ante tantas situaciones de violencia de género, o la pregunta ante tantos padres de familia que quedan sin trabajo o personas en situación de sin hogar en pleno siglo XXI; o es la pregunta ante enfermedades que creíamos erradicadas, pero que cada vez más se llevan a tantos hermanos nuestros al otro mundo: «Dios, ¿andas por ahí?».
Parece que el silencio es el compañero de viaje al que pregunta, sin embargo, Jesús en el sufrimiento, en el lecho del dolor, en el lugar por el que todos – tarde o temprano – hemos de pasar, responde «te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso». El Dios de la vida, que crea VIDA, ha pasado el amargo trago del dolor y del sufrimiento, entre otras cosas, porque él se hizo
semejante a nosotros, en su condición humana.
«El que quiera seguirme, que cargue con su cruz y me siga». Nadie ha dicho que el seguir a Jesús sea una tarea fácil, pero sí es una tarea constante. Es una tarea en la que las rosas que tienen espinas, son bellas pero hay que saber cogerlas para que no nos hagan daño. Seguir a Jesús es una tarea bella, complicada, pero gratificante. El camino del calvario es un camino que nadie quiere recorrer, pero que es inevitable.
Jesús no es un rey a la usanza terrena, rodeado de grandes lujos. Es un rey que se codea con los más necesitados, con los pobres, con los humildes, con los que le necesitan de corazón humilde y sincero.
Acabamos el año litúrgico. Buena oportunidad para hacer balance: lo que fue, lo que pudo haber sido y no fue y lo que fue y no debió suceder. Caminemos juntos, en sinodalidad, merece la pena.

Hasta la próxima. Paco Mira.

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