PERMANENCIA Y COMPROMISO.

No hace mucho, permanecer en un tipo de contrato o de empresa, era un lujo. Por estar un año o algo más, podrías llevarte a casa un móvil, una televisión… o si apurabas mucho cualquier tipo de entrada para cualquier evento de gente famosa que se acercara por el lugar donde vives. Pero claro, los tiempos han cambiado y ahora eso de la permanencia queda para los anales de la historia: ya nadie regala nada. En parte estoy de acuerdo, porque lo importante ni se compra ni se vende.

Este finde, celebra la Iglesia el bautismo del Señor, después de haber recibido la visita de los magos, que como sabemos ni eran tres ni tenemos nombre para ellos. En definitiva, lo que celebramos esta semana fue la manifestación de Dios, lo que en griego se denominó Epifanía. Dios se manifiesta, pero no es obligatorio seguirle. Esa es la grandeza: la libertad que Dios da para que le siga el que quiera.

Esto viene a cuento con lo que les decía al principio de ciertas compañías que por permanecer en su empresa te daban regalos para que no te fueras a la competencia. Algo que Dios no te obliga, pero sí te pide y me pide compromiso con lo que adquieres desde un principio.

Así como a los magos nadie les obligó a ir a Belén, sí fueron por la necesidad de corroborar una realidad, la de la encarnación por la que Dios se hace hombre, a nosotros nadie nos obliga a creer, pero sí que si asumimos esa realidad, en algo tiene que notarse. Jesús se bautiza en el Jordán, todos nosotros – o al menos la mayoría – hemos sido bautizados, hemos de ser fieles a la permanencia y al compromiso.

Esta semana hemos perdido dos grandes personajes: por un lado “o rey”, es decir el mejor jugador de todos los tiempos (para algunos), Pelé. Un hombre al que de pequeño y despectivamente le dijeron “negro dedícate a otra cosa, porque para esto del fútbol no vales”, y ya ven a donde ha llegado. Pero ha sido fiel a sus principios y seguro que ninguno de nosotros hemos oído ninguna queja de Edson Arantes do Nascimento (Pelé). Fiel a su estilo y consecuente con él.

Otro de los personajes que hemos perdido ha sido Joseph Ratzinger, más conocido como Benedicto XVI. Un hombre criticado por muchos, mal entendido por otros y enemigo acérrimo de más de algún teólogo. Pero lo que no se le puede criticar a Benedicto XVI es su fidelidad a la permanencia en la Iglesia y a su compromiso con la causa. Cuando vio que no podía seguir al frente de la nave de Pedro, dijo que hasta aquí habíamos llegado y se echó a un lado.

Nuestro bautismo nos exige, desde el convencimiento, permanencia. Es muy fácil criticar a la Iglesia, como estructura (Papa, Obispos, mandatarios de cierta entidad…) y nosotros no mover ni un ápice de nuestro cuerpo. No nos olvidemos que Iglesia somos todos: ellos (los grandes mandatarios) y nosotros e injusto me parecería que no nos miráramos al espejo y entonáramos el yo pecador. He de confesar que muchas entrevistas en la radio me han llevado a conocer a grandes mandatarios de una humildad tremenda.

Eso me lleva al compromiso. Estar bautizado requiere un compromiso. De nada sirve bautizarse si no somos capaces de involucrarnos en la realidad más cotidiana y real de la vida misma. Estar bautizado lleva y conlleva el compromiso de aliarse con el más débil, con el pobre, con el indigente… y en definitiva con todos aquellos que lo necesitan.

Ojalá que nuestro bautismo no sea como ciertas compañías telefónicas -por ejemplo – que, si estás con ellos, te dan un regalo. El bautismo es estar con el convencimiento de que con quien estás da sentido a tu vida.

Feliz 2023. Hasta la próxima. Paco Mira

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