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FIN DE SEMANA CON DIOS.

Escuchen con atención el programa correspondiente al domingo XX del tiempo ordinario.

Escuchen y disfruten.

 

GRITOS, PLEGARIAS, CASALDÁLIGA Y …

LA MUJER PAGANA.

Los que peinamos algunas canas, nos acordamos que allá por la década de los 70 (finales) y los 80, cuando estaba en ebullición la «adolescente pubertad » del Concilio Vaticano II, salió un librito de P. Loidi – entre otros – que se titulaba Gritos y plegarias, del que posteriormente se ha ido aumentando ediciones hasta los años 90. El título era muy sugerente, pues los gritos de aquel entonces se mezclaban con la oración, la acción de gracias (plegarias) de los tiempos que corrían.

Eran gritos y eran plegarias de una fe que se me antoja entusiasta, alegre, con ganas, con empuje, con rabia…. con las ventanas abiertas a las que había invitado no solo Juan XXIII para su Iglesia, sino con el grito de Juan Pablo II de no tener miedo. Era la época de romper con el pasado – que muchos no conocimos demasiado -, pero era la época de reivindicación entusiasta: iglesias llenas de jóvenes, música estridente, películas que hablaban de aquel cartel de «Se busca» y que colgaba en cualquier pared que se considerara progre. ¡Qué tiempos aquellos!.

Era un tiempo en el que los Obispos miraban – muchas veces – para otro lado con el libro de gritos y plegarias, puesto que muchos de los credos, plegarias, pregones pascuales… se oficializaban en Eucaristías sin permiso ninguno. Pero es verdad que también había Obispos que eran cómplices de tales eventos (Iniesta, por ejemplo).

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XX Domingo del tiempo ordinario.

Nos reunimos este domingo XX del tiempo ordinario porque Dios mismo nos convoca y conduce nuestros pasos hacia él. Estamos aquí también porque queremos reafirmar nuestra fe en Cristo Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios vivo. La página inicial de la tercera parte del libro del profeta Isaías ofrece una visión profundamente universalista. Los extranjeros son invitados a formar parte de la comunidad del pueblo de Dios. Presten mucha atención a este texto que vamos a escuchar porque expresa qué es lo que Dios espera del hombre que tiene que estar al frente de su pueblo.
San Pablo, en su carta a los romanos, se dirige a los cristianos de origen pagano y se presenta a sí mismo como apóstol de los paganos, pero precisamente para decirle que no se desentiende de la tarea misionera entre los judíos y desea ardientemente que éstos acepten el Evangelio de Jesús.
¿Cuáles son las condiciones para pertenecer al nuevo pueblo de Dios? Tal pertenencia, viene a decirnos san Mateo en el pasaje evangélico de hoy, no se basa en la sangre o la raza, la nación o la cultura, el sexo o la situación social, sino que la única condición requerida y que no resulta discriminatoria, es la fe en Cristo Redentor, Hijo de Dios.

Estas son las lecturas de este domingo y el vídeo del evangelio para que disfruten en familia con el mismo.

 

FIN DE SEMANA CON DIOS.

Escuchen con atención el programa correspondiente a este Domingo XIX del tiempo ordinario.

Disfruten

XIX Domingo del tiempo ordinario.

Nos reunimos para celebrar este domingo XIX del tiempo ordinario porque tenemos fe en el Proyecto de Dios, que ha sido anunciado y realizado por Cristo Jesús, con su palabra y sus acciones. Celebramos la presencia del Espíritu de Dios que sale a encontrarnos en medio de nuestra comunidad, que nos guía y acompaña en el camino del amor y la justicia. Por tal razón, nos sentimos alegres y celebramos la Eucaristía como comunidad de fe. La Buena Noticia de hoy es continuación del domingo pasado, según Mateo, los discípulos parece que se quedan solos, conduciendo una barca, sacudida por las olas contrarias. Pero no es así. Aquí se cumple la promesa de Jesús: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Jesús camina sobre el agua, está con los suyos dándoles ánimo, sigue a su lado, para que puedan comprender con qué seguridad pueden fiarse de la valentía que les comunica.

Estas son las lecturas de este domingo así como el vídeo del evangelio. 

FE SI, PERO VALIENTES… NO SÉ.

Estamos en pleno mes de agosto, en los días más cálidos del año, y todos sabemos lo que supone tener que salir a la calle para realizar cualquier gestión, más aún este año al tener que llevar la mascarilla. Para no sufrir el calor, nos gustaría poder estar en sitios con aire acondicionado, pero no siempre es posible, y entonces agradecemos que nos llegue una ráfaga de aire que nos alivie. Pero como a menudo no sopla viento, muchas personas van provistas de abanicos. Básicamente el abanico es un instrumento muy simple: un conjunto de varillas articuladas, unidas por un papel o tela, que se despliegan en semicírculo. Y tampoco requiere grandes conocimientos para utilizarlo: es suficiente con un ligero movimiento de la muñeca. Es muy simple pero efectivo para combatir el calor y, como se puede llevar fácilmente, se ha convertido para muchos en algo imprescindible. 

En la primera lectura se nos narra el encuentro de Elías con el Señor. Elías sufría múltiples problemas; había tenido que huir para poder salvar su vida y se refugia en una gruta. Necesitaba encontrarse con el Señor, pero no lo iba ha hacer en medio del huracán o del terremoto o del fuego, sino en la caricia de una brisa suave. En algo tan simple es donde se encuentra Elías con el Señor y además es donde encuentra la fuerza para seguir con su misión aunque esta sea difícil y complicada.

La experiencia de Elías nos recuerda que en medio de los «acaloramientos» y agobios del día a día que tanto nos hacen sufrir y últimamente más, necesitamos espacios y tiempos de tranquilidad que nos permitan encontrarnos con Jesús y encontrar algo de alivio, como cuando entramos en un lugar con aire acondicionado.

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FIN DE SEMANA CON DIOS.

Escuchen con atención el programa correspondiente al domingo XVIII del tiempo ordinario.

Escuchen y disfruten.

LOS 59 OLVIDADOS.

Seguro que son muchos más. Me gustaría escribir estas líneas la semana pasada, pero ya tenía escrito lo que se publicó, pero creo que tenía una deuda personal con «esos cincuenta y nueve». Parece el título de una película y seguro que con el tiempo lo será por desgracia.

Alguien, hace ya tiempo, me dijo que la vida era un proceso. La vida se va haciendo y vamos escribiendo en el libro de nuestra historia: con borrones, tachones, faltas de ortografía, corregimos, volvemos a escribir, nos ayudan… pero cada uno de nosotros, todos, dejamos huella en ese maravilloso libro. Algunas huellas son muy «sonoras», son reconocidas por medios de comunicación y personalidades. Otras huellas no son reconocidas por nadie o casi nadie, pero también dejan su impronta, incluso más significativamente que las otras.

Cuando los medios de comunicación dijeron que en «Madrid habían sido enterrados cincuenta y nueve ancianos víctimas del covid 19 y que no fueron reclamados por nadie y que le costó a la comunidad cerca de 150.000€», la verdad es que se me pusieron los pelos de punta. Cincuenta y nueve ancianos que da la impresión que no escribieron nada en el libro de su vida, que no dejaron huella y por ello están olvidados. Me niego a querer creer que eso sea así de cierto.

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XVIII domingo del tiempo ordinario.

Celebramos el XVIII domingo del tiempo ordinario.  El profeta Isaías aparece como un pregonero que anuncia la llegada de Dios e invita a todos los que no tienen nada a acercarse y saciar la sed y el hambre que no calman otros bienes. Es justamente la Palabra de Dios la que satisface los anhelos del ser humano, que son de amor. A ese amor fiel de Dios que está dispuesto a hacer alianza se refiere el apóstol Pablo en este hermoso himno de la Carta a los Romanos que proclama su amor incondicional. La compasión y clemencia de Dios, que también alaba el salmista, son las que Jesús manifiesta ante todos los que le rodean y llegan hasta él necesitados. La bondad y el amor de Jesús se manifiestan claramente en el texto que escucharemos  del Evangelio de San Mateo.

Estas son las lecturas de este domingo. Asimismo les dejamos con el vídeo del evangelio. 

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