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DOMINGO V DE PASCUA

Debemos anunciar a Jesús Resucitado no solo con las palabras, sino especialmente con el testimonio de nuestra vida, pues las palabras convencen, pero los ejemplos arrastran. Se trata de irradiar la alegría pascual, que se note en cada uno de nosotros la vida nueva de la Resurrección. La primera comunidad cristiana vive la experiencia pascual con una alegría desbordante, una “alegría que nadie les puede quitar”. No es fruto de una ilusión o subjetivismo, sino que es la reflexión y la experiencia de tener verdaderamente al Señor Jesús entre ellos, aquel que había muerto y que ha resucitado, como lo había prometido. La alegría de la Resurrección es una alegría que debe ser compartida. Nos dice nuestro fundador: “¡Jesús, el Señor, es nuestra alegría! Y desde el corazón que se abre al encuentro con el Señor, la alegría permanece e irradia, pues a semejanza del amor, ella es difusiva”. María, la Madre de la alegría pascual, la Mujer que mantuvo encendida la lámpara de la esperanza cuando muchas se apagaron, Aquella que proclamó gozosa las maravillas del Señor, nos permita experimentar y compartir en esta Pascua la alegría de la Resurrección.
 
Este es el enlace de la liturgia de la palabra de este domingo. Y también les dejo con el vídeo del evangelio.
 

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=RE9y1qjNw_M]

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