Llegamos ya al vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario, y nos llena de mucho regocijo reunirnos para la celebración de la santa Misa dominical. Sean todos bienvenidos. Hoy la Iglesia celebra el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), con el lema «Misioneros de esperanza entre los pueblos», y nos recuerda la misión de evangelizar que todos los bautizados recibimos de Jesús. La Palabra de Dios nos anima hoy a la oración perseverante e insistente. Lo hará de modo especial por medio de la parábola de la viuda.
Las lecturas de este domingo son un estímulo en nuestra vida de oración. “Para mostrarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse”, Jesús cuenta a sus discípulos una parábola con el relato de una viuda que clama justicia al juez. Otro testimonio sobre la oración constante lo encontramos en Moisés, en el pasaje del libro del Éxodo. En el trasfondo de ambos textos está la confianza en el Dios cercano, que, como dice el salmo, guarda la vida de sus elegidos.
Estas son las lecturas de este domingo y el vídeo del evangelio.

Con mucha alegría nos reunimos en la casa de Dios para celebrar juntos esta gran fiesta mariana. Celebramos a Nuestra Señora del Pilar. Una antigua y venerada tradición refiere que la Santísima Virgen María, en carne mortal, se apareció en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia, alentando al apóstol Santiago en su evangelización por tierras españolas. El santuario levantado en ese lugar es uno de los más visitados en el mundo católico. Bajo su patrocinio se inició la evangelización de América el 12 de Octubre de 1492.
Llegamos ya al Vigésimo Séptimo domingo del tiempo ordinario y nuevamente nos reunimos en la Casa de Dios para celebrar el encuentro dominical, y así, a través de nuestra participación activa en el banquete de la palabra y el banquete eucarístico, acrecentar nuestra fe.
Queridos hermanos, bienvenidos a la casa de Dios para escuchar la Palabra de Dios y celebrar el día del Señor. Estamos ya en el vigésimo sexto domingo del Tiempo Ordinario, en el que Dios nos llama a examinar nuestra actitud sobre los bienes materiales. Si el cristiano no comparte sus bienes con los necesitados, no es auténtico cristiano. Es duro el evangelio cuando habla de la suerte del rico y del pobre. A veces, la mesa llena, el vestido púrpura y los muchos dividendos impiden la conversión. Pero lo que parece imposible a los ojos de los seres humanos, no es imposible ante Dios.
El mensaje del Evangelio es radical: nadie puede servir a dos amos, no se puede servir a Dios y al dinero. Sólo hay un Dios, leemos en la carta a Timoteo. Por boca del profeta Amós, el Señor denuncia esa idolatría que pone el dinero por encima de la persona.
La tradición litúrgica nos dice que la fiesta de hoy se celebraba en Jerusalén ya en siglo V. Su título contiene la finalidad de la misma: enaltecer y glorificar la cruz de Cristo. Porque la cruz, señal del discípulo de Jesús, no es signo de muerte sino de vida, como expresa el simbolismo de la serpiente de bronce en el desierto; no de infamia y derrota sino de salvación y victoria; no de masoquismo sino de amor.
Con la alegría de sabernos hijos de Dios y hermanos en Cristo Jesús, celebramos el vigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario. Domingo tras domingo, en la escuela de Jesús, vamos escuchando sus consignas para nuestra vida de seguidores suyos. Son estampas concretas, sencillas, pero comprometedoras, que nos obligan a mirarnos al espejo del evangelio y a sacar consecuencias para nuestra vida.



























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